
September 1st, 2026
En un recoveco de cualquier sala de redacción, a menudo se halla fijado en un tablón de anuncios, quizás asomando furtivamente desde detrás de la cafetera: el Código de Ética de la Sociedad de Periodistas Profesionales (SPJ).
Con menos de mil palabras, se presta a la perfección para su exhibición en un póster.
No obstante, esas palabras —articuladas en torno a cuatro principios periodísticos cardinales— revisten una importancia tal, afirma Dan Axelrod, que podrían constituir el baluarte capaz de preservar nuestra democracia.
"Lo enunciaré sin ambages", declara Axelrod, presidente del Comité de Ética de la SPJ y otrora reportero de negocios de Gannett.
"He aquí el mecanismo idóneo para salvaguardar la democracia.
Esto constituye la salvaguarda de la sociedad.
Sin periodistas, ¡Dios santo!, la sociedad se hallaría irremisiblemente abocada a la perdición".
Axelrod no se limita a aludir a la existencia del código, sino que subraya la imperiosa necesidad de someterlo, periódicamente, a un proceso de actualización.
Dicha empresa resulta sumamente ardua, pues exige aproximadamente un año de dedicación y un sinfín de horas de deliberaciones y observaciones, tanto en modalidad virtual como presencial.
No obstante, dado que el ecosistema mediático experimenta mutaciones casi a diario y emergen innovaciones tecnológicas sin precedentes, la SPJ ha determinado que ha llegado el momento —por primera vez en 12 años, y tan solo la sexta ocasión en la historia centenaria del código— de emprender dicha revisión.
La gravedad institucional de la compañía condujo al comité y a otros especialistas en deontología mediática hasta Indianápolis en junio, tras una sucesión de deliberaciones virtuales.
Dista de haber sido la manera más idílica de sobrellevar un fin de semana.
"Las pasiones, sin duda alguna, se tornaron incandescentes", asevera Axelrod.
"En efecto, no hubo altercados de índole física", ironiza su colega, Chris Roberts, vicepresidente del comité y catedrático de periodismo en la Universidad de Alabama.
Añade que se llevó a cabo "una labor de orfebrería léxica de gran calado".
El desenlace: no se vislumbra humo blanco alguno, pero sí se ha fraguado un borrador de código de 967 palabras, 73 más que el texto vigente.
No obstante, ¿qué justifica su actualización en primer término?
La motivación primordial —lejos de resultar inesperada— reside en la irrupción vertiginosa de la inteligencia artificial.
"Nos hallábamos inmersos en la reflexión sobre la inteligencia artificial y su aplicación, así como su ocasional uso indebido por parte de las organizaciones periodísticas", asevera Roberts, "mientras estas se enfrentan a una tecnología emergente que les reporta un ahorro económico considerable, pero que, no obstante, acarrea innumerables contratiempos si no se emplea con la debida eficacia y observancia de los principios éticos".
Otro aspecto atañe al propio concepto de "periodistas profesionales".
En los últimos años se ha constatado un incremento exponencial de periodistas independientes, los denominados "periodistas creadores".
La SPJ sostiene que estos también deberían regirse por un código que oriente su labor.
(El código, como es habitual, constituye una guía de carácter voluntario y carece de fuerza vinculante).
Un objetivo primordial reside en afrontar una crisis existencial que aqueja al ámbito mediático: la progresiva erosión de la confianza pública en los medios de comunicación.
"Nos hallamos ante un mundo cuya confianza en nosotros se ha erosionado de manera considerable", asevera Roberts.
"Nos referimos a políticos y otras figuras que se afanan por asestar golpes al periodismo por atreverse a señalar sus deficiencias.
Paralelamente, el sector periodístico ha experimentado una transformación financiera tan profunda que un tercio de los profesionales de la información ya no forman parte de las estructuras de los medios de comunicación tradicionales.
"Todas esas consideraciones, y no pocas adicionales, constituyen razones sobradamente justificadas para someter el asunto a un nuevo escrutinio", asevera, "y para instar a la ciudadanía a recordar que existen estándares que deberían ser inmutables, con independencia de que uno se autodenomine periodista o de la índole de la plataforma para la que desempeñe su labor".
La Sociedad de Periodistas y Escritores, cuya membresía asciende a aproximadamente cuatro mil individuos distribuidos por todo el territorio nacional, fue constituida en 1909.
En 1926 adoptó su primer código deontológico, posteriormente estableció un comité de ética en 1948 y ha sometido dicho código a revisión en cinco ocasiones, siendo la más reciente en 2014.
Los cuatro principios cardinales e inmutables: "Buscar la verdad e informar".
"Minimizar el daño".
"Actuar de forma independiente".
"Ser responsable y transparente".
No obstante, su evolución ha sido considerablemente más profunda.
Un informe adjunto al borrador subraya que las ocupaciones tradicionales dentro de las redacciones están experimentando un declive progresivo a medida que el sector se contrae.
Paralelamente, se observa un auge significativo de periodistas ciudadanos, profesionales independientes, influencers digitales y comentaristas.
Dicho informe hace referencia a un estudio del Pew Research Center que revela que, en 2023, un tercio íntegro de los periodistas ejercía como autónomos o trabajadores por cuenta propia.
Asimismo, alude a la menguante presencia de medios de comunicación que ejercen una función de vigilancia, así como a "personas, organizaciones e inversores privados sin formación periodística, que adquieren o fundan medios de comunicación, incidiendo en la cobertura informativa, condicionando las decisiones editoriales e impulsando agendas personales".
La Sociedad Profesional de Periodistas sostiene que la proliferación vertiginosa del uso de la inteligencia artificial generativa y otras tecnologías emergentes —tanto en el ámbito informativo como en otros sectores— suscita un cúmulo de interrogantes de índole ética de considerable complejidad.
En consecuencia, una nueva directriz estipula: "Recuérdese que la celeridad, la tecnología o el soporte no eximen de la inexactitud o la injusticia.
Los periodistas son éticamente responsables de su labor, con independencia de las herramientas y tecnologías empleadas".
Dicho de otro modo: la responsabilidad recae inexorablemente sobre el periodista, al margen de cuanto la inteligencia artificial pueda alegar.
"No deseamos que se aduzca el pretexto de una tecnología específica para justificar la imposibilidad de generar resultados éticos y transparentes", asevera Roberts.
No obstante, el borrador propuesto —cuya votación está prevista para octubre en el seno de la organización más amplia, tras un período de comentarios que permanece vigente— no menciona explícitamente la inteligencia artificial, aludiendo únicamente a herramientas y tecnologías con el fin de preservar su pertinencia ante la evolución tecnológica.
Asimismo, aborda otras cuestiones, entre ellas la verificación, la desinformación, la información relativa a delitos, las imágenes manipuladas y otros asuntos afines.
Una adición de notable enjundia —y que suscitó no poca controversia— es la siguiente: "Sé vigilante y valiente para exigir responsabilidades a quienes ostentan el poder.
Contrarresta la marginación injusta de quienes detentan menos poder".
Lo verdaderamente fascinante reside en aquello que lo sustituye.
El texto original rezaba: "Dar voz a los que no la tienen".
Dicha formulación se reputó problemática, por cuanto presuponía que ciertos colectivos adolecían de una carencia intrínseca de voz.
Señala el miembro del comité Eric Deggans: "No es que carezcan de voz. Es que, con demasiada frecuencia, los medios de comunicación convencionales no le prestan atención o ni siquiera son conscientes de su existencia".
"Lo que pretendíamos abordar", afirma Deggans, crítico general de NPR y catedrático de ética mediática en la Universidad Washington y Lee, "era la noción de que existen colectivos que podrían hallarse al margen de la cobertura informativa... y (los periodistas) deberían realizar un esfuerzo deliberado por incluirlos cuando ello resulte pertinente, particularmente cuando tal inclusión contribuya a la exactitud del relato periodístico".
Ante la metamorfosis estructural que experimenta el sector, cabe plantearse un interrogante de índole más general: ¿Acaso un único código normativo resulta aplicable con carácter universal?
¿Y gozará, siquiera, del reconocimiento debido?
"No deberíamos rehuirlo", responde el actual presidente de la SPJ, Chris Vaccaro, "solo porque la industria esté mutando o la noción misma de quién constituye un periodista se esté redefiniendo".
Vaccaro confía en que el código, ya traducido a una miríada de idiomas, será acatado por una multitud.
Ese tablón de anuncios de la sala de redacción, asevera, se ha convertido en el orbe entero.
"Indubitablemente, no operaremos bajo la premisa de que nadie lo utilizará o de que a nadie le concierne, o de que el periodismo ha experimentado una transformación tan drástica que resulta irrelevante", asevera Vaccaro.
"Trasciende".
Deggans señala que imparte dos asignaturas de ética, y en ambas se examina el código de la SPJ.
No obstante, más allá de la formación de jóvenes periodistas, dicho código desempeña otras funciones de vital importancia.
"Si uno opera en un país que ha padecido un régimen autoritario durante largo tiempo o carece de una tradición consolidada de prensa libre, ¿cómo dilucidar su funcionamiento?
Se acude al código de la SPJ, ¿verdad?"
Deggans abogaría por que un número aún mayor de periodistas en activo se sometieran a un escrutinio exhaustivo del código deontológico, subrayando la imperiosa necesidad de una autorreflexión crítica y una rendición de cuentas rigurosa en el ejercicio de la profesión.
Y también otros: "Desearía que ciertos individuos al frente de conglomerados mediáticos se dignaran a examinar el código, pues con excesiva frecuencia coaccionan a sus subordinados para que incurran en prácticas carentes de toda ética, viéndose el profesional obligado a conciliar la preservación de su integridad periodística con la satisfacción de las exigencias de su empleador".
September 1st, 2026

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