
September 1st, 2026
Anualmente, más de catorce millones de personas de edad avanzada experimentan caídas en los Estados Unidos, aunque probablemente ninguna con la asiduidad de Dale Sanders, de 91 años.
Según su recuento, Sanders se precipitó al suelo en 71 ocasiones mientras recuperaba su récord como el excursionista de mayor edad en completar el Sendero de los Apalaches.
Seis de ellas fueron lo que él califica como caídas severas, incluida una que le acarreó una breve hospitalización y otra a apenas 200 yardas de la meta.
No obstante, ninguna logró desviarlo de manera definitiva del sendero de 2,193 millas (3,530 kilómetros) que se extiende entre Springer Mountain en Georgia y Mount Katahdin en Maine.
El Conservancy del Sendero de los Apalaches define una caminata completa como la consecución íntegra de todas las secciones del sendero en cualquier orden dentro de un año, con la salvedad de permitir pausas.
Sanders se inició el 6 de septiembre en Virginia Occidental, sorteando algunas interrupciones breves, y culminó el lunes en la cima del pico más elevado de Maine, donde se detuvo a orar ante el letrero que señala la cumbre.
"Me vi en la ineludible obligación de rendir tributo de gratitud al Todopoderoso, así como a mi red de apoyo incondicional y a cuantos han contribuido a conducirme hasta este punto", manifestó.
Sanders, cuyo apelativo en la ruta es Grey Beard, instauró por vez primera el hito del Sendero de los Apalaches en 2017, a la sazón de sus 82 años.
Cuatro años más tarde, su camarada de 83 años, M.J. Eberhart, conocido como Nimblewill Nomad, le arrebató el título.
No obstante, en cuestión de meses, Sanders proclamó su intención de regresar.
Aunque la primera incursión de Sanders resultó ser más accesible de lo previsto, la más reciente se tornó considerablemente más ardua.
Pese a seis meses de acondicionamiento, admitió que distaba de hallarse en óptimas condiciones al retornar al sendero.
"Y aun hoy, siento que probablemente debería hallarme en una condición física superior a la que ostento", manifestó el mes pasado.
"Pero no tengo más remedio que reiterarme constantemente: 'Tengo 91 años, de modo que estoy abriendo senderos inexplorados al recorrer distancias tan considerables como esta'."
En junio, Sanders descendía por la vertiente de Killington Mountain, en el corazón de Vermont, cuando, al precipitarse hacia delante, fue a dar contra un pedregal, lacerándose las piernas, los brazos y las manos.
"Gracias a Dios nada se quebrantó, pero quedé contuso", dijo.
"No me limpié la sangre; sencillamente proseguí mi marcha".
Semanas más tarde, una parestesia en su extremidad superior izquierda lo condujo a un centro hospitalario en Maine.
Lo que en un primer momento los facultativos temieron que pudiera tratarse de un accidente cerebrovascular resultó ser, en última instancia, una neuropatía por compresión; no obstante, aun cuando se le autorizó reanudar pronto sus caminatas, albergó la tentación de abandonar.
Regresó a su residencia en Tennessee a principios de agosto para estar junto a su esposa, cuya madre acababa de fallecer, y fue ella quien lo persuadió de continuar.
Entre los días más memorables de Sanders figuraron aquellos transcurridos en Pensilvania, donde pudo deleitarse con senderos impecablemente conservados y con las golosinas que le obsequiaban los denominados "ángeles del sendero".
"Cuando la gente te prodiga cuidados y te obsequia frappés de caramelo a lo largo del sendero, las rocas devienen irrelevantes", aseveró.
En efecto, Sanders se ha erigido en una suerte de celebridad entre los senderistas.
Millares lo siguen en las plataformas sociales, un fenómeno que lo desconcertó y lo impulsó a ampliar su cometido más allá de la mera recuperación de su plusmarca.
"Anhelo recuperarlo, mas en el presente tal empeño deviene accesorio", aseveró.
"Lo cardinal —y he aquí uno de los aspectos que mayor asombro me ha causado— es que mis denuedos logran concitar el entusiasmo y erigirse en acicate para las gentes".
Meredith Ewenson, quien trabó conocimiento con Sanders en junio mientras conducía una excursión por Nuevo Hampshire en compañía de otras diez mujeres, aseveró que él encarnaba no únicamente la noción de que todo resulta factible, sino que el trayecto constituye el elemento de mayor trascendencia.
"Contemplarlo en su manifestación tangible es una vivencia cuyo recuerdo perdurará indeleblemente en mi memoria", aseveró.
Ewenson aseveró que su grupo había divisado a Sanders al alba, si bien no fue sino hasta que este se cruzó con ellos horas más tarde cuando repararon en el emblema de Grey Beard estampado en su camiseta y coligieron su auténtica identidad.
Le dieron alcance aquella noche en un refugio del Appalachian Mountain Club, arribando en torno a las 4 p.m.
"Arribé a este lugar al filo del mediodía", les comunicó.
Al despuntar el alba, ella y los allí congregados prorrumpieron en vítores mientras Sanders ejecutaba una suerte de "danza triunfal" antes de reanudar su periplo.
"Mi primer pensamiento fue 'Vaya, su movilidad resulta sencillamente asombrosa'", declaró Ewenson.
"La yuxtaposición de su rostro sobre esa anatomía carece de toda lógica.
Mi intelecto se revelaba incapaz de procesar cómo podía ostentar semejante vigor físico, tan inverosímilmente esbelto para una edad tan avanzada".
Nacido en Kentucky en 1935, apenas dos años antes de la culminación del Sendero de los Apalaches, Sanders vio la luz en un contexto donde su exigua estatura durante la infancia lo condujo a forjar una resiliencia inusitada, hallando en disciplinas individuales como la acrobacia y la natación el vehículo idóneo para consolidar su autoconfianza.
Tras su posterior alistamiento en la Armada, culminó su trayectoria profesional en 2002, tras una dilatada y fecunda carrera dedicada a la gestión de parques y espacios recreativos.
Sanders ostenta numerosos otros hitos de índole cronológica, entre ellos el de haberse convertido en la persona de mayor edad en remar la totalidad del curso del río Misisipi, una travesía de 87 días que se inició coincidiendo con su octogésimo séptimo aniversario.
En su última incursión, sorteó obstáculos como troncos abatidos o ascensiones de pronunciada pendiente con denuedo, si bien comenzó a flaquear ligeramente hacia el ocaso de una jornada de doce millas (diecinueve kilómetros).
Se postró sobre el sendero, alegó precisar una siesta exprés y se sumió en un breve sopor.
Transcurridos apenas un par de minutos, se incorporó con una parsimonia deliberada y reanudó su andadura.
Esta narración fue enmendada para evidenciar que Sanders sostiene haber sufrido seis caídas severas, y no siete, durante su última travesía por el sendero.
Ramer informó desde Concord, en el estado de Nuevo Hampshire.
September 1st, 2026

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